Memoria, disciplina y sociedad: pensar la dictadura desde el presente en primera persona
Martín Gras, académico de la UNTREF y sobreviviente de la dictadura, relató parte de su historia, explicó qué objetivos perseguían los militares y cuál fue el impacto que generó en la sociedad argentina el periodo 1976-1983.
20-03-2026
“Cuando luchás contra un enemigo armado arriesgás la vida; cuando estás en un campo de concentración, lo que arriesgás es el alma”, con esta frase Martín Gras, sobreviviente de la última dictadura militar en la Argentina, sintetizó sus dos años detenido en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA).
En el 50 aniversario del último golpe cívico militar en la Argentina, el pasado reciente sigue interpelando al presente. La dictadura no solo dejó un saldo de violencia y desapariciones, sino también marcas profundas en la forma de organizar la vida social. En ese sentido, el coordinador de la Licenciatura en Administración Pública y director del Observatorio de Estado, gestión de Políticas Públicas y Derechos Humanos Martín Gras la definió como un proyecto de disciplinamiento social impulsado por sectores autoritarios, orientado especialmente a los sectores más vulnerables. “La última dictadura trató de destruir la esperanza. No solo buscó eliminar a militantes, sino imponer la idea de que cada uno debía permanecer en el lugar que le había sido asignado”, sostuvo Gras. El académico de la UNTREF señaló que en el país funcionaron alrededor de 700 centros clandestinos de detención, cuyo objetivo no era únicamente la eliminación física, sino también el disciplinamiento social a través del miedo. “El secuestro, la tortura y la muerte fueron herramientas centrales para imponer ese disciplinamiento”, explicó.
En este marco, resaltó la asimetría de poder entre la persona secuestrada y su secuestrador: “Durante ese tiempo hay alguien que decide absolutamente todo sobre vos. Desaparece cualquier tipo de paridad: uno tiene todo el poder y el otro ninguno. Y no solo está en juego la vida, sino también la propia identidad”, expresó.
En relación con el presente, Gras subrayó la importancia de construir espacios colectivos que permitan sostener la memoria y proyectar el futuro. Dijo: “Con la esperanza construimos el futuro. Pero no puede haber esperanza sin espacios de discusión, de creación, de imaginación y de libertad, no de mercado, sino de pensamiento”.
Gras remarcó la importancia de las universidades para sostener viva la memoria colectiva de los pueblos de modo tal que las nuevas generaciones comprendan los hechos que marcaron la historia de un país. “La universidad pública es un ámbito privilegiado para ese ejercicio y la UNTREF hace exactamente eso”, concluyó.

