A 50 años del golpe: la ciencia al servicio de la identidad y los derechos humanos

Especialistas en genética y derechos humanos reflexionan sobre el rol de la ciencia en la restitución de identidad y en los procesos de memoria, verdad y justicia.

20-03-2026

A 50 años del golpe cívico-militar de 1976, la identidad sigue siendo un territorio de búsqueda y reparación. En ese proceso, la ciencia se transformó en una herramienta decisiva para reconstruir historias, aportar pruebas y sostener la memoria colectiva. En esta dirección, la UNTREF reunió a especialistas de diversos campos cuyos aportes fueron fundamentales para la identificación de personas desaparecidas y para la restitución de identidad de sus familiares.

El médico y científico Víctor Penchaszadeh, director de la Especialización en Genética, Derechos Humanos y Sociedad de la UNTREF, reconstruyó el origen de este camino. Exiliado en Estados Unidos durante la dictadura, recordó el momento en el que las líderes de Abuelas de Plaza de Mayo lo convocaron en 1982 para colaborar en la búsqueda de sus nietos. “Me dijeron: ‘Sos argentino, sos genetista, vivís en el centro del mundo. No tenés nada más importante que hacer en tu vida que buscar una manera de identificar’. Así empezó todo”, señaló. A partir de ese impulso, las Abuelas promovieron avances decisivos en el campo de la genética forense y poblacional. Entre ellos, el desarrollo del “índice de abuelidad”, una herramienta estadística que permite determinar vínculos de parentesco a partir de marcadores genéticos. [e1] [e2] 

Penchaszadeh es asesor permanente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), de Abuelas de Plaza de Mayo y de la Red Latinoamericana y del Caribe de Bioética de la UNESCO. También integra el Panel de Expertos en Genética Humana de la OMS. Uno de sus aportes más relevantes fue vincular la genética con problemáticas urgentes de la sociedad.

También recordó que estas acciones tuvieron un impacto a nivel internacional: contribuyeron a la incorporación del derecho a la identidad en la Convención sobre los Derechos del Niño, aprobada por Naciones Unidas en 1993.

En esa misma línea, Mariana Herrera Piñeiro, directora general técnica del Banco Nacional de Datos Genéticos, destaca el rol de este organismo, creado a partir del trabajo de Abuelas durante el gobierno de Raúl Alfonsín. El Banco funciona como una herramienta que reúne, por un lado, los perfiles genéticos de familias que buscan a sus nietos y, por el otro, los de personas que dudan sobre su identidad. A partir de esas comparaciones, se pueden establecer vínculos”, explicó.

ADN mitocondrial

Los avances tecnológicos también permitieron perfeccionar técnicas para el análisis de material genético en condiciones complejas, como restos óseos degradados o antiguos. En ese contexto, el ADN mitocondrial resulta clave, ya que se hereda exclusivamente por vía materna. Esto permite establecer vínculos incluso cuando no se cuenta con información directa de los padres. “Si una persona que duda sobre su identidad comparte el mismo ADN mitocondrial con una posible abuela materna, aumenta significativamente la probabilidad de que exista un vínculo biológico”, agregó Herrera Piñeiro.          

Por su parte, Analía González Simonetto, coordinadora del Laboratorio de Antropología Forense del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), subraya el trabajo interdisciplinario que sostiene estos procesos. “El Equipo se creó en 1984 y trabaja en articulación con el Banco Nacional de Datos Genéticos. Desde la arqueología, la antropología y la genética se construyen identificaciones sólidas, incluso a partir de muestras muy degradadas”, explicó. Durante la última dictadura, se registró un ingreso significativo de restos de personas NN, en muchos casos jóvenes y con signos de muertes violentas. La reconstrucción de esas historias requiere del cruce de múltiples saberes científicos. “Es una interconexión de disciplinas puestas al servicio de la justicia y de la reconstrucción histórica”, afirmó.

Los testimonios de los especialistas también destacaron el rol de las universidades públicas en la formación de profesionales y en la articulación entre ciencia y ética. “Las universidades son fuentes de conocimiento y de democracia. Deben estar a la vanguardia del desarrollo científico, siempre en vínculo con los derechos humanos”, sostuvo Penchaszadeh.

Medio siglo después del golpe, cada identidad recuperada vuelve a poner en movimiento la memoria colectiva y reafirma un compromiso que sigue vigente: el del “Nunca Más”.