A 25 años del ataque a las Torres Gemelas, los cambios en la política exterior de EE.UU.
El 11-S marcó el comienzo de una nueva etapa en el país del norte y Pablo Anzaldi, docente de la Maestría en Análisis Político, reflexionó sobre sus consecuencias geopolíticas y la estrategia desplegada a partir de 2001.
11-09-2026
El ataque a las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001 marcó un punto de inflexión en la historia contemporánea y abrió una nueva etapa en la política exterior de Estados Unidos. Para Pablo Anzaldi, docente de la Maestría en Análisis Político, el atentado expuso la vulnerabilidad de la principal potencia mundial y fue utilizado por el gobierno de George W. Bush para desplegar una política expansiva, especialmente en Medio Oriente.
Anzaldi destacó el carácter inédito del atentado por su magnitud, los objetivos elegidos y la utilización de aviones comerciales como armas contra símbolos del poder estadounidense. “Fue algo muy importante desde el punto de vista histórico y humano”, señaló.
Según el especialista, la respuesta de Estados Unidos excedió la persecución de los responsables del ataque. “Lo utilizó como un Pearl Harbor”, sostuvo, en referencia al acontecimiento que precipitó el ingreso estadounidense a la Segunda Guerra Mundial. Desde su perspectiva, el 11-S funcionó como punto de partida para impulsar una “verdadera reingeniería en Medio Oriente” y reforzar el papel de Estados Unidos como “policía política del mundo”.
La primera expresión de esa estrategia fue la invasión de Afganistán en 2001 y el enfrentamiento con el régimen talibán. Dos años más tarde llegó la invasión de Irak, impulsada bajo el argumento de la existencia de armas de destrucción masiva en poder de Saddam Hussein, cuya presencia no pudo ser demostrada. “Lo que hay es una clara estrategia expansiva de Estados Unidos en un contexto de crisis”, afirmó Anzaldi.
Para explicar ese proceso, el docente puso el foco también en las transformaciones de la economía mundial. En 2001, Estados Unidos representaba alrededor del 31% del PBI mundial y China apenas superaba el 4%. Un cuarto de siglo después, la distancia entre ambas economías se redujo considerablemente. Para Anzaldi, este escenario permite analizar la política exterior estadounidense a partir de la disputa por recursos estratégicos como el petróleo, el gas y los minerales asociados al desarrollo de nuevas tecnologías.
“El atentado mostró que Estados Unidos es vulnerable”, sintetizó. A su entender, cuando una potencia dominante atraviesa una situación de crisis tiende a incrementar su agresividad hacia otros actores. En ese marco ubicó la construcción de la figura del “terrorista” y la extensión de una mirada de sospecha sobre amplios sectores de la población musulmana.
Anzaldi sostuvo que después del 11-S se consolidó una retórica que presentó a Estados Unidos como garante de la seguridad internacional, con la misión de combatir el terrorismo y promover la democracia, el mercado y los derechos humanos. Esa narrativa, señaló, acompañó una política destinada a preservar sus intereses estratégicos en distintas regiones del mundo.
Por último, destacó la importancia de que estos procesos formen parte del debate en la universidad pública. En ese sentido, propuso analizar críticamente el papel de Estados Unidos tanto en Medio Oriente como en América Latina y discutir las relaciones entre política exterior, poder económico y control de recursos estratégicos.

